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Semana Santa 2013

08.03.2013

El saludo del Arzobispo

Bienvenidos a contemplar este espectáculo de amor infinito e incomprensible que nos ofrecen las procesiones de Semana Santa. Dios mismo se hace hombre para compartir la condición de cada hombre con sus limitaciones, con sus tensiones, con sus legítimos anhelos insatisfechos, con sus luchas y sufrimientos y con sus esperanzas. La mayor prueba de amor es identificarse con el ser amado. Sin embargo, el amor de Dios manifestado en Jesucristo va más allá. Él entrega voluntariamente su vida en sacrificio cruento para alcanzar el perdón de nuestros pecados. Con ello nos concede el solaz de una esperanza capaz de mantenernos en la ilusión de vivir por encima de todas las pruebas, dificultades y oscuridades.

Esa esperanza en la eterna felicidad junto a él en los cielos no suprime la voluntad de amar y aprovechar esta vida del mejor modo y en las mejores condiciones posibles. También esta vida es regalo de Dios. Esta vida es el camino que nos conduce a la otra y definitiva. Por eso, la Pasión redentora de Jesucristo termina con la resurrección gloriosa. Nuestro peregrinar terreno a través de este valle de lágrimas está llamado también a una existencia gloriosa ylibre de toda limitación.

Todo lo expuesto puede sonar como un lenguaje arcano y anacrónico. Puede parecer incluso contrario a la radical autonomía del hombre que es el ideal de la cultura dominante. Y, sin duda, se opone al objetivo de disfrutar sin límite ni condicionante alguno de cuanto apetezca y esté en nuestras manos. Estas reacciones son comprensibles porque lo que nos trasciende, como ocurre con la obra de Dios, puede ser entendido y aceptado solo por la fe. Pero la fe es fruto del amor. Y a Dios llegamos a amarlo sólo contemplando cómo nos ha amado. El amor siembra amor. Y quien es ganado por el amor de otro, es capaz de creerle con toda el alma. Ojalá que, al contemplar el misterio de amor de Jesucristo, seamos ganados por su amor, y lleguemos a confiar de tal modo en Él, que creamos firmemente en su Evangelio y en su testimonio de vida y de salvación.

Santiago García Aracil
Arzobispo de Mérida-Badajoz


Actualizado: 08.03.2013