Badajoz es una ciudad carnaval. Una ciudad que sabe vivir todo el año en clave de Carnaval. Una ciudad que crea como nadie un ambiente de Carnaval que se vive y se siente desde el mismo miércoles de ceniza hasta el viernes de carnaval. O sea, todo un año de crear letras, de modular voces, de ensayar coreografías y de imaginar disfraces.
Después, de viernes a martes, se desata la pasión, se desborda la alegría, se empeña el pueblo, dueño y señor de la fiesta, en vivir a tope el carnaval, en explotar por todas partes esas ganas de broma y diversión, esos expresivos deseos de llevar a cabo el ancestral virtual. Son cinco días de fiesta sin límites, cinco días de calle y noche, color y música, baile y calor.
Porque febrero, a pesar del frio, se calienta con el carnaval y la fiesta. Badajoz demuestra, con el color de la fiesta y la fiesta a altas temperaturas, que es una ciudad de acogida, hospitalaria, amable y que sabe divertirse como nadie y contagiar de diversión a los demás.
Dicen que este será el Carnaval de la crisis, pero no vamos a vivir una fiesta en crisis. Sencillamente porque los hombres y mujeres de Badajoz, los pequeños y mayores que fundan la fiesta, la refundaron , la mantienen y la consolidan, son capaces de reponerse a la adversidad, a la crisis y diseñar unos carnavales únicos y originales.
Badajoz vive su fiesta grande, su fiesta más peculiar, la fiesta de todos. Nadie se siente fuera, forastero o perdido. Nuestra fiesta es la fiesta del encuentro, la fiesta donde todos se sienten como en casa. O mejor. Este era el objetivo de los carnavaleros de siglos atrás, el propósito que quienes asistimos a la puesta de largo del carnaval de aquellos primeros años ochenta y la esperanza de cuantas han contribuido a su grandeza en los ochenta, en los noventa y en los dos mil.
Cada uno tiene su propia visión de la fiesta pero el carnaval es de todos y para todos. ¡Que no decaiga! ¡Que todos disfruten!